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LA VIEJA EUROPA ESTÁ DE CAMBIO…

La vieja Europa está de cambio:

La crisis que el domingo 23 de abril dejó en el histórico Partido Socialista francés, reflejada en las elecciones a la presidencia de la República es un hecho. Al día siguiente de las elecciones Manuel Valls decía lacónicamente que el PSF estaba amortizado (est la fin d’une histoire, dixit) y daba a entender que los votantes socialistas franceses deberían posicionarse entre el nuevo partido creado por Macron –En Marcha – y el extremismo radical de Mélenchon, cuyos apoyos en estos comicios presidenciales llegaron a la nada despreciable cifra del 19,6% y, probablemente, se nutrió de voto antisistema proveniente inicialmente del Frente Nacional e hizo frenar el ascenso vertiginoso de Le Pen.

El futuro de la histórica formación socialista francesa capitaneada por el difunto político  Hamon, admirador abierto de Sanders, que buscó hasta última hora una gran colación de izquierda con La France Insoumise, es ahora mismo una incógnita y quedará supeditada a lo que pueda pasar en las próximas elecciones legislativas de junio y al candidato que el socialismo francés pueda presentar. Lo que es muy significativo es que líderes como Valls, contra quien rivalizó Hamon en primarias, el alcalde de Lyon e incluso Holland, a quien se enfrentó en el seno del partido por sus políticas liberales sobre todo en el ámbito laboral, daban y ofrecían apoyos más o menos explícitos a Macron y a su formación socioliberal de centro. Por tanto, lo que pueda pasar con el histórico PSF es una incógnita, pero lo que es evidente es que el partido podría estar herido de muerte y su sangre irse en canal a estos dos partidos, casi antagónicos en lo político, en lo social y sobre todo en lo económico y en la visión de Europa.

La sorpresiva premier británica May, tory de estirpe, anunciaba la pasada semana elecciones en UK para el próximo 8 de junio. Las encuestas vaticinan el descalabro de los laboristas. Podrían estar situados a más de 20 puntos del Partido Conservador. Jeremy Corbyn es evidente que ha quedado zozobrando como la Kon-tiki en las complicadas aguas del Pacífico en lo referido al Brexit, aunque fue elegido líder de los laboristas en 2015 con el 60% de los votos en primarias. La postura ecléctica del partido Laborista británico ha puesto de manifiesto su estrechez de liderazgo, quizá heredada del referéndum de 1975 donde los laboristas de Wilson, en su ya famoso Manifiesto de 1974, planteaban en cierta medida lo que Cameron hizo el pasado 23 de junio, o sea, hacer un referéndum sobre la permanencia en la Comunidad Económica Europea en caso de que éste ganase las elecciones y así el laborismo inició su debacle incluida su dimisión por agotamiento y que su sucesor en 1976, Callaghan, tampoco pudo parar dando paso a Margaret Thatcher, que llevó al Partido Laborista a casi 20 años de ausencias en tareas de gobierno. En esta nueva ola de desastres para la socialdemocracia (con todas las cautelas al meter a los laboristas en esta acepción) emerge de nuevo una figura del Partido Liberal Demócrata liderada hoy por James Farron y que lilderó Nick Clegg hasta mayo de 2015. Farron puede considerarse un centrista social y liberal de izquierdas – una izquierda inglesa, claro está y probablemente más liberal que muchos liberales continentales- más europeísta que los conservadores y los laboristas que podría recoger el voto disconforme con la salida de la Unión Europea de los británicos y posicionarse a costa, sobre todo, de los laboristas que bien podrían hacer un planteamiento estratégico electoral similar al que hizo  Macron en estas elecciones legislativas, o sea, acercarse al votante menos envejecido, urbano, más formado y con visión globalizadora de la vida. Cierto es que también está el Partido de la Independencia del Reino Unido, el UKIP, de Paul Nuttall, que sustituye desde noviembre a Farage, y que podría ser homólogo en algún planteamiento al Frente Nacional francés y seguir con su discurso antieuropeista utilizando el binomio de inseguridad e inmigración y reflejando que estos problemas los ha traído la propia Unión Europea, buscando la complicidad de masas de obreros parados y clase media arrollada por los cambios económicos.

Y ahora, después de este repaso de lo que han sido estos dos partidos europeos –el Partido Socialista francés y el Partido Laborista británico- tradicionalmente reflejados en nuestro socialismo, más si cabe el modelo francés pero también se trató en determinados momentos de los noventa en homologar la figura de Blair al espacio socialista español por los líderes socialistas, estaremos a la espera de lo que podría pasar en España con el PSOE y su guerra interna abierta del postsanchismo. Es interesante recordar que Benîot Hamon fue el elegido por la militancia y simpatizantes en enero de 2017, por delante de Valls y rechazado masivamente por el votante el domingo 23. Corbyn que, como ya dije, ganó con el 60% de los votos de su militancia podría descalabrar al partido y sumirlo en una crisis de otros veinte años –como el período que se produce entre Callaghan y Blair- teniendo en cuenta a mayores el durísimo sistema electoral británico. A todos nos surge la pregunta de si el PSOE no podría correr la misma suerte que ha corrido el PS en Francia y la que correrán –a tenor de las encuestas- los laboristas británicos, sin acordarnos obviamente de la desaparición del PSI en 1994 o la crisis endémica ya del PASOK, con números muy parecidos en las elecciones griegas de septiembre de 2015 a las obtenidas ayer por el PSF: un 6.3% los socialistas griegos y un 6.4% los franceses. Está claro que el socialismo europeo que ha modelado Europa está muy tocado.

 

Rubén Rodríguez

Socio de IPR y fundador de www.electocracia.com