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Un castillo de naipes que se desmorona

 

Un castillo de naipes que se desmorona:

El Partido Popular pudiera decirse que se desintegra, o si no es así, realmente lo parece. Todos los escándalos de corrupción que están aconteciendo y los procedimientos judiciales que hay en marcha harán mucho más daño, aún si cabe, a la ya desgastada imagen de partido que aún mantiene a día de hoy. Algunos dicen que es un proceso de ucedeización clara, es decir, algunos prevén que podría seguir la misma suerte que la extinta UCD de Suárez cuando fue fagocitada por Alianza Popular, allá por el año 1982, al pasar de 168 diputados en las Elecciones Generales de 1979 a 11 diputados en las Generales de 1982. Bien es cierto que UCD se encontró con otros tipos de problemas económicos, sociales y políticos en una época de nuestra historia muy convulsa y compleja (un aumento del desempleo creciente – se pasa de una tasa de desempleo de un 5.7% en 1977 a un 17.9% en 1982-, una tasa de inflación cercana al 20% en 1978 y se produce una caída del PIB desde 1981, que no se recuperará hasta 1987 y donde se acrecientan las diferencias reales entre España y su entorno) que el PP no tiene. Además, lo más difícil de entender es que todo lo que le está ocurriendo al Partido Popular hoy día, le está aconteciendo en un entorno económico favorable pues los datos y cifras macroeconómicas son positivos respecto a hace 5 ó 6 años, siendo incapaces de rentabilizar políticamente tal coyuntura.

Ciudadanos, como es lógico, está jugando su partida; siendo sujeto observador de los sucesos que ocurren en casa de su ¨rival¨de espacio político y, al tiempo, apropiándose legítimamente de signos y símbolos tradicionalmente propiedad del PP. La presentación de la plataforma o movimiento España Ciudadana en IFEMA el pasado domingo, donde se inundó el auditorio de banderas nacionales, al tiempo que aparecían referentes y líderes europeos en grandes pantallas y donde Marta Sánchez cantó a pulmón su letra del himno español ha hecho también daño a la imagen del Partido Popular ante sus votantes y simpatizantes, demostrándolo a través de declaraciones de alguno de sus líderes como Fernández Maíllo, al que parece no le gustó el acto de “españolismo” de Ciudadanos. Incluso desde la izquierda mediática también se atacó a Rivera con este asunto como fue la entrevista que le hizo la peridista Pepa Bueno en la SER y donde, entre preguntas, le reprochaba tales actitudes nacionalistas de su partido propias de otras épocas. No se dan cuenta quienes lo critican, que esa táctica política le ha hecho ganar votos a millares en Cataluña siendo hoy la primera fuerza política, ya que tanto PP como PSC precisamente lo que hicieron fue renunciar a esta identidad nacional seguramente por los complejos de españolidad y también, probablemente, por querer rascar votos del nacionalismo llamado “moderado”. Cosa, por otro lado, totalmente errónea y nefasta para estos dos partidos tradicionales pues con esta actitud lo que demostraron fue que dejaban de lado y renunciaban a un nicho de mercado electoral muy amplio, al tiempo que siguieron claudicando y transigiendo con los excesos de los nacionalistas e independentistas desde los respectivos tiempos de gobiernos centrales del PP y del PSOE.

Igualmente, la desafección que se está produciendo ya entre los menores de 55 años respecto al Partido Popular, tal y como muestra el último CIS, parece que ya sólo conserva un perfil de votante conservador y envejecido y hace que el futuro del PP no sea el más deseable para un partido político que tiene como objetivos estratégicos conservar el poder y mantenerse como fuerza y opción política.

A esta crisis del Partido Popular, se le suma que muchos de sus líderes están tocados y a día de hoy se puede decir que existe también una crisis de liderazgo clara en el propio partido. Rajoy, a sus 63 años, sostiene el partido en sus espaldas sin ver a nadie que por un lado le ayude a llevar el peso de las desgracias y que demuestre que pudiera tener proyección de futuro. Frente a esto, el liderazgo unipersonal de Rivera, sin ataduras aparentes ni pasado enturbiado, haciendo demostración de partido de estado ya que apoya al Gobierno en asuntos generales y, al tiempo, recoge potenciales papeletas de los que ven que el Partido Popular, su referente ideológico y su partido tradicional, se deshace entre detenciones, procedimientos judiciales y dirigentes poco aplicados en sus estudios de postgrado.

Por último, apoyados en datos del último CIS, nos queda añadir la siguiente reflexión: el PP pierde todos los años entre 103.000 y 108000 votantes por defunción. Esto es un problema gordo y más cuando las nuevas generaciones de primeros votantes que entran en el mercado electoral no te votan o te votan poco según el CIS.

 

Rubén Rodríguez

Socio Fundador de @electocracia