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EL DEBATE DE LAS NAVAJAS OXIDADAS

A eso de las 22:45 horas del lunes 14 de noviembre de 2015, en un gris estudio de la Academia de la Televisión de Madrid, resonó en los oídos de los escasos presentes un sonido seco y perturbador: clac, clac, clac, clac, clac … y todos vimos cómo el candidato Sánchez esgrimía su navaja roja ante un asombrado candidato Rajoy que pareció despertar de su letargo, y a éste no le quedó más remedio que sacar de la faltriquera su navaja azul, y otro clac, clac, clac, clac, clac volvió a resonar en medio una escenografía oscura y tétrica más propia de aguafuertes goyescos.

Comenzaba así el momento álgido del debate cara a cara entre los dos líderes de los grandes partidos españoles, Pedro Sánchez por el PSOE y Mariano Rajoy por el PP.

Justo unos 30 minutos después, con las navajas aún en todo lo alto y chorreando insultos y descalificaciones, los dos líderes de los llamados partidos emergentes, Albert Rivera de Ciudadanos y Pablo Iglesias de Podemos, estarían pensando que ni en sus mejores sueños podían haber imaginado asistir a un ejercicio de autodesgaste mútuo tan lamentable entre los dos partidos tradicionales, como el que millones de españoles veían por televisión.

Pedro Sánchez tiene “planta” de buen candidato, nadie lo puede negar, pero se excede en enérgico y le traiciona el carácter, convirtiéndose en agresor verbal, y lo que es peor, a veces no produce empatía porque ni él da la sensación de creerse lo que dice, ni la marca PSOE que lidera se ha recuperado aún del cataclismo que supuso la fase final de ZP.

Mariano Rajoy encajaba perfectamente con la “performance” donde se desarrollaba el debate, tan clásico y encorsetado, tan serio y frio, que se sobresaltó cuando vió brillar la navaja roja frente a él, y cuando se dió cuenta estaba con la suya intercambiando golpes bajos con su contrincante, porque esta vez no había ningún plasma donde protegerse.

Hubo 1 hora de enfrentamiento entre un candidato socialista al ataque, a la desesperada y por eso mismo excesivamente agresivo e irrespetuoso, frente a un candidato popular que bajó de su pedestal de presidente para ponerse a la defensiva y responder igualmente con descalificaciones.

¿Y el balance de la legislatura? Algo hubo, pero todo se redujo a un “vosotros sois mucho peores”. ¿Y propuestas de futuro? De esas prácticamente nada de nada.

Todos los analistas llevan avisando días de la enorme masa de indecisos que aún hay a pocos días de las elecciones, y ayer los líderes del bipartidismo, los partidos más poderosos de España, tenían ante sí una gran oportunidad para despejar las dudas a buen puñado de los mismos, pero antes de las 24:00 horas y con el debate terminado, no es muy probable que hayan arañado muchos votos indecisos.

Pero que nadie se lleve a engaño, tanto Rajoy como Sánchez fidelizaron en el debate a sus millones de votantes tradicionales para PP y PSOE, respectivamente. La duda es si podría el debate, además, variar la decisión de cientos de miles o tal vez millones de indecisos a Ciudadanos o Podemos, o incluso a la abstención. No es sencillo saberlo. Es más probable que los emergentes puedan ver sus opciones incrementarse entre esta masa electoral confusa que no tiene aún decidido su voto, pero quizá de forma limitada.

Las navajas siguen en todo lo alto a pocos días de las elecciones más apasionantes de la democracia española.

Del moderador, mejor hablamos otro día.