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Primarias o Celebrities.

Los partidos políticos se preparan concienzudamente. Como no puede ser de otra manera claro está, para el conjunto de elecciones a las que se someterá nuestro país en dos meses. Estas son generales, europeas, autonómicas y municipales. Esa preparación como cualquier organización que salga a un mercado a competir, en este caso al cambiante y cada vez más complejo mercado electoral, se hace desde el tacticismo organizacional. Bien pudiera tener un símil claro en el ámbito deportivo colectivo. Para ello se busca, y últimamente con más intensidad si cabe, el fichaje impactante y si puede ser del contrario, mejor y más impactante será, a su vez.

Estamos viendo movimientos tácticos dentro de los partidos políticos. El objetivo es atraer o fichar a aquellas personas que siendo políticos o no, puedan ofrecer un mayor impacto social y mediático. Estas maniobras se hicieron en ocasiones concretas a lo largo de la historia de nuestras elecciones. Generalmente cuando un partido tenía que ofrecer una imagen de impacto regeneracionista y renovadora. Eliminando dosis de endogamia de partido. Ejemplo de ello fue cuando Felipe González fichó para las elecciones de 1993 como número dos por Madrid al entonces juez Garzón. Imagen viva de la lucha contra el crimen organizado en ese momento. Hoy en día, con más intensidad si cabe, todos los partidos políticos han salido al mercado de fichajes electorales.

Imagen: Líder mediático. Fuente: voterstudygroup.org

Vemos como Pedro Sánchez en apuesta propia ficha a ex entrenador nacional de baloncesto, Pepu Hernández para Madrid. Cómo el partido Ciudadanos le da carnet a la que ha sido presidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente. Que pide su baja por los desencuentros personales con el presidente del PP de esa comunidad. En Baleares ha captado para la causa al director general de la Policía y Guardia Civil, Joan Mesquida.

Vemos como el PP ha fichado al deportista y presentador Pedro Aguado. Imagen viva de la regeneración individual y superación personal.

Podemos se hizo en su momento con los servicios del ex JEMAD de las Fuerzas Armadas. Cargo de confianza plena del PSOE, el general del Aire José Julio Rodríguez.

Así, probablemente, iremos viendo fichajes estrella en todos los partidos que concurran a unas elecciones. Tanto ahora como en el futuro. Es la época de la política de las celebrities. No importa tanto el programa, pesa más el relato de quién es el político.

¿Podríamos decir que estamos ante la era de la telebasura política?

Parece que los partidos políticos estén más preocupados en ofrecer al exterior la imagen de acomodo de personalidades relevantes atraídos por un proyecto político y lo que suponen esas personas. Tanto por su origen como por su actividad así como el impacto que tiene atraerlas a su formación. Más que en ofrecer un programa político a la sociedad a efecto de solucionar los problemas reales de la ciudadanía, para mejorar la vivencia de las personas. Luego, ya sabemos que la política real la hacen los técnicos en las administraciones y otras muchas nos vienen impuestas desde Bruselas.

Efectivamente, esto no es algo nuevo. Los partidos suelen hacer estas maniobras de captación de nuevas referencias buscando el efecto doble. Por un lado atraer la atención de los medios.  Es decir, del conjunto de la sociedad con el impacto de la atracción sorpresiva.  Por otro lado, desconcertar a los contrarios o rivales con tales fichajes. Si pueden ser los fichados personajes notables provenientes de esos rivales, mayor será el desconcierto en la casa o partido ajeno y mayor desprestigio social y político para el rival en el corto plazo.  Con ello se muestra el mensaje implícito de que quien se va lo hace porque la formación de la que migra no es digna de militancia de personas con principios y valores y a donde se va lo hace con la garantía plena de ser una formación de principios éticos y morales sin igual.

Imagen: Los idus de marzo. Fuente: filmaffinity.com

Similares a las motivaciones, en cuanto al impacto, que se exponían en la película ¨Los Idus de Marzo¨ de Clooney, aunque con distinto resultado. Cuando se ficha al asesor del partido contrario, con el único fin de generar desestabilización y perjuicio, más que aprovechar la experiencia y conocimiento del fichaje ya que era descartado una vez fichado. Quedando inhabilitado para la profesión por tránsfuga. Dado que ya no podía regresar de donde procedía.

Todo esto que está muy bien y probablemente lo hagan todos los partidos políticos. Pero, también supone que se generen graves tensiones internas organizativas en el seno de las formaciones. Generalmente poco valoradas por los líderes políticos que han tomado tal decisión de salir a fichar.

Por un lado con un fichaje de estas magnitudes han conseguido abrir los telediarios y en los diarios matutinos y digitales. Consiguen la pole informativa del día. Por otro y en otros muchos casos, los partidos han conseguido armar una guerra interna y provocar desajustes en sus filas y cuadros.  Se sienten ninguneadas las personas sobre las que ¨cae el o la paracaidista¨ y rival político hasta ese mismo momento. Convirtiéndose a partir de ahora en enemigo.

Claro, los que llevan dando la cara en los últimos años, han levantado el partido en un territorio. En ocasiones hostil a la formación y han configurado sus equipos de confianza se ven en la situación extrema de ser desautorizados por la alta dirección del partido. Esta dirección coloca por delante de esas personas a otra que hasta ese entonces se la consideraba rival político.

A partir de ese instante alcanza el estatus de enemigo y compañero de partido.

Generalmente esos fichajes suelen llegar con prerrogativas negociadas y concedidas. Por ejemplo, ser cabezas de lista y ocupar cargos de relevancia política. Es decir, se han asegurado con la dirección del partido que en los próximos cuatro años se les permita una situación social y económica desahogada. Al tiempo que su imagen podrá ganar valor y protagonismo por los cargos que ostentará. A veces hemos visto que ocurre el caso contrario, es decir, pierde valor y protagonismo a medida que pasa el tiempo.

Las bases perciben estas decisiones con estupor y preocupación. Han sido éstas quienes han optado en su momento por los candidatos. Ahora revocados, desautorizados o cuando menos desplazados. Colocados en un segundo plano en honor de las nuevas figuras mediáticas. Además, se da la circunstancia de que las bases a ese o esa que ha llegado nuevo lo verán con mucho recelo. Se le ha percibido como rival y contrario en muchos casos y  sin hacer mérito alguno dentro del partido. Sin haber estado apoyando acciones de propaganda del partido día a día o los fines de semana o dar apoyo y trabajo al partido a costa de su vida laboral y personal.

Son ellos quienes logran estar a un primerísimo nivel asegurando su acomodo, simplemente por ser una apuesta del líder.

Esto, que pudiera verse inicialmente como algo irrelevante, tiene más trascendencia de lo que a priori pudiera parecer. Dado que el votante y con más fuerza el militante interpreta que por encima de cualquier decisión interna democrática, limpia y transparente impera la decisión y el dedo personalista de un líder. Un líder que ya no atiende ni entiende a las bases ni a los cargos que representan a esas bases. Un síntoma claro de la perdida de valores y también de la ignorancia popular.

 

Rubén Rodríguez.

Fundador de Electocracia.com